Ya tiene cuatro años pero la he descubierto esta semana buscando alguna peli para ver con mi hijo. Si ya la etiqueta de cine familiar levanta algunas ronchas en este caso era aún más mosqueante porque el director es Andrew Davis, un artesano del cine de acción que lo mismo curra con Harrison Ford que con Steven Seagal o Chuck Norris.
Cuando empezamos a verla me doy cuenta que es de la Disney y ahí si que sentí escalofríos. ¿Imagen real y de la Disney? Apretemos los dientes y que sea lo que sea.
Pues fue toda una sorpresa y de las buenas. No me echaba tantas miradas de complicidad con el chaval desde que nos vimos Pequeña Miss Sunshine y te echas unas buenas risas. Es una especie de cuento que comienza en un campo de reeducación para jóvenes, donde les hacen estar todo el día cavando agujeros.
Maneja varios tiempos diferentes para ir cerrando toda la historia, con un guión inteligente y muy hábil de Louis Sachar que consigue que todo lo que va saliendo en pantalla tenga un peso determinante en la resolución y además de manera muy natural, así que van surgiendo pequeños giros de guión que sorprenden a pesar de que siempre nos los anticipan.
Encima tiene una banda sonora de las que levantan el ánimo y sale Sigourney Weaver, a la que se la nota que se lo pasó bastante bien.
Una gozada que recomiendo y que gana varios puntos si la veis con niños.
El otro día en una charla con Luismi me comentaba la buena labor que estaba haciendo el youtube convirtiéndose, aunque sea involuntariamente, en una buena parte de nuestra memoria colectiva.
Me acordé de una historia de los 90 que me gusta especialmente porque tiene princesa en desgracia, héroe decente, rebaño con prejuicios y famosos indignos. Encontré los vídeos y básicamente era como me acordaba, aunque en mi memoria había hecho a la protagonista algo más joven.
Sinead O´Connor actúa en un programa de Saturday Night Live que
presentaba Tim Robbins cantando sin instrumentos una canción de Bob
Marley.
Se la ve seria, como tragándose los nervios para que no se
sospeche la travesura. A lo peor como impacto publicitario, o quizás
sinceramente termina rompiendo una foto de Juan Pablo II mientras
dice que hay que combatir al enemigo real.
Por supuesto, la armó. Casi
nadie nos enteramos que era lo que denunciaba en la canción, que era ni
más ni menos que los abusos sexuales de los sacerdotes a los chavales.
Hay que ver como es la historia, lo de los cadáveres que tienden a
salir, lo de repetirse y esas cositas que te pueden salir por unos 600 milloncejos y aquí paz y después gloria.
Poco tiempo después aparece en el concierto del 30 aniversario de Bob Dylan que en ese momento seguía siendo judío y ni se imaginaba (o sí) que cinco años después iba a cantar tan contento ante el mismo Juan Pablo dos palitos renaciendo católico y limpito. Allí estaban Tom Petty, John Cougar, Tracy Chapman, Eric Clapton, Willie Nelson, Lou Reed y mucha buena gente de la buena américa con conciencia...
Si a una persona medianamente sensata le preguntáramos que le parece
administrar de manera periódica y prolongada a chavales menores de edad
sustancias que puedan interferir en su desarrollo mental o físico,
aunque ellos lo solicitaran voluntariamente, seguramente no solo se
negaría a ese acceso sino que se escandalizaría un poquillo.
Sin embargo no tenemos nada en contra de la gimnasia rítmica, aunque
no creo que haya dudas sobre el impacto negativo que pueda tener sobre
su crecimiento, salud, relación con muchachos de su edad y hábitos
alimenticios.
De la misma forma no sólo no tomamos ninguna precaución sobre como
afecta la imposición de cualquier religión a nuestros niños, sino que
aceptamos como normal la inclusión de esta enseñanza en los centros
públicos. Ante cualquier tentativa de limitar esta discriminación anacrónica -y sus
enormes ganancias y su influencia posterior- las iglesias tocan a rebato, incluso le dan la
vuelta al jersey y ahora protestan contra la injerencia del estado en
el papel educador de los padres con ¡asignaturas ideológicas!.
Increibleble.
Campamento Jesús, que he descubierto gracias a la web del cínico y
lúcido Carlos Boyero, es un buen documental sobre los efectos que tiene
la imposición fanática de creencias a los niños. Muestra la
manipulación de sus ilusiones, como les llevan de la diversión al
sufrimiento, a la culpa y al posterior perdón para dejarles sin defensa
posible ante la mirada cómplice de los padres.
Y como utilizan todo esto con fines de influencia política.
El documental no censura, ni puñetera falta que hace, solo enseña
como unos adultos a los que no se les caen conceptos como bien y moral
de la boca, utilizan algo tan sagrado como debería ser la infancia.
Cada uno que saque sus conclusiones, en mi caso no tengo dudas a la
hora de calificarlos: una pandilla de grandísimos hijos de perra a los
que habría que atar muy corto. O mejor aún según sus creencias: ...más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le arrojaran al fondo del mar.
No comprendo muy bien el prestigio de Danny Boyle. Trainspotting le
salió bordada, seguramente porque contaba con una buena novela como
base, pero viendo el resto compruebas que sus aportaciones creativas
consisten en extraños juegos de cámara y en personas acuclilladas en
los techos mirando lo que hacen los de abajo.
En 28 semanas después han tomado nota de eso y nos lo enseñan más,
mejor y en proceso de repoblación. ¿Qué tal les ha quedado? A mi me gusta más que la primera, pero
hay que poner demasiado de nuestra parte para continuar. Tipo: esto no
se lo tragan ni los cocodrilos pero me quedo a ver si echan algún
mordisco decente...