De vez en cuando me gusta hacer algún miniciclo de pelis que tengan cualquier cosa en común, sea por protagonistas, temática, director o lo que salga. Últimamente visito los Apuntes de cocina de Inés, un blog sabroso de una estudiante de cocina venezolana y como una cosa lleva a la otra, en un fin de semana he puesto un menú con tres platos potentes.
Primero Ratatouille. De Brad Bird, el mismo de El gigante de hierro y Los Increíbles. La historia de la rata cocinero que triunfa gracias a la ayuda de sus colegas puede parecer un poco trillada, pero está hecha con tanto mimo y con tanto cuidado en cada uno de los detalles que aparecen en cada plano que te quedas todo el rato con la boca abierta. Como encima no dejas de salivar cada vez que se meten en la cocina no vas a ofrecer una imagen como para tener encendida la webcam, pero se pasa un rato muy bueno.
Segundo Deliciosa Marta, una película alemana sobre una chef que trabaja en un estado de estupefacción depresiva y que entra en colisión con un cocinero italiano. Los americanos han hecho su versión: Sin reservas. No creo que la vea, porque el proceso de enamoramiento tiene su gracia entre la belleza casi autista de Marta y la exhuberancia del feucho Mario. No creo que Aaaron Eckhart pueda dar la impresión de que le cueste mucho ligarse a nadie.
Y para postre tranquilo y de larga sobremesa: Comer, beber, amarde Ang Lee, un tío que lo mismo vale para un roto en unos vaqueros que para el descosido de los pantalones de La Masa. Un artesano de esos que mantienen el buen cine. Aquí nos va contando, como quien no quiere la cosa, la pequeña gran historia de un cocinero, sus tres hijas y la gente que los rodea según van reuniéndose a comer y charlar en casa del padre. Los platos que prepara, su cantidad y variedad es casi pornográfico. En la presentación hay cuatro minutos del padre en la cocina que lo enseña muy bien, por eso lo dejo aquí. Que aproveche.
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